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Vaivén

Cenizas. Fuego. Electricidad. Una mitad cercenada que busca la tuya. Esas perlas se asoman, las pupilas bailan. Tu, de mis labios a mis ojos y viceversa. Yo, de tus ojos a tus labios y viceversa. ¿Por qué no me besas y ya? Me miras, una gota cae. Mi pulgar la mata. El índice roza tu piel. Sigue ese vaivén de pupilas danzantes. ¿Por qué no me amas y ya? Los recuerdos galopan, tus labios en mí. Sensación que extraño, un roce de tí. Hablas sin sentido y lo hago yo también. ¿Por qué no me matas y ya? No sonríes, las perlas no salen. Fúndete en mí, ya no me sueltes. Alienta la hoguera y deja todo en llamas. ¿Por qué no vuelves y ya? Sigue ese vaivén de pupilas danzantes. Pupilas danzantes siguen en vaivén.

Rehab? No, no, no

Nunca fueron suficientes los besos. No han sido aún suficientes abrazos. Nunca serán suficientes horas de conversación. No he terminado de desgastar mi amor por ti. ¿Me puedes recordar por qué nos separamos? No sé si ya se me olvidó o si no me quiero acordar. Me preocupa que ese amor nunca se vaya. Como el drogadicto que sabe que ingirió de más: ¿qué tal si me quedo en el viaje? Tengo una sobredosis de ti que me tiene así. Yo creo que tengo que ir a rehabilitación. O quizá no.

Primeras veces

Como todos, aún recuerdo la primera vez que tuve sexo. Ella indecisa, yo nervioso. Ambos con deseos de fundirnos en una sola piel. “Siempre hay una primera vez”, me dijo aquel hombre mientras me levantaba del suelo y volvía a su lugar el freno delantero de mi bicicleta. Con el golpe, las micas de mis anteojos salieron disparadas, mi brazo estaba sangrando levemente y mi orgullo sufrió una lesión que sólo se comparaba con aquella piedrita incrustada en mi párpado inferior. “Es la primera vez que me caigo”, le había comentado previamente, luego de salir del estado de shock en el que caí al unísono con mi cuerpo en la tierra húmeda. “¿Puedes caminar? ¿Vas a seguir?”, inquirió después, asentí con la cabeza, confirmé que podía mover la pierna izquierda y medio minuto más tarde estaba sobre la brecha nuevamente. Atribuí lo que me había pasado a la soberbia. Acababa de pasar por la meta luego de los primeros cinco kilómetros del circuito de carrera, escuché a la gente apoyándom...

Fa

Ojalá llueva, y así, poquito a poquito, se vaya acabando el mundo. Que el sonido de las gotas cayendo nos arrulle y el aroma de la tierra mojada sea un incienso de paz. Que al sol le de pereza levantarse mañana y la noche nos devore lentamente para ya no sufrir, para dormir por siempre. Aunque si llega mañana quiero ver el atardecer y las gotas que caigan al cielo, y la tierra que tenga sed, y la noche me vomite en medio de las luces. Ojalá llueva, y así, poquito a poquito, me vaya olvidando de ti.

Mauau

De pronto tuve esa loca idea      de extender tus rizos hasta el infinito            y los bigotes del gato a los confines de la galaxia,                       y que sus maullidos resuenen en la eternidad. ¿Me preguntas por qué?         Para dejar constancia de este dulce sueño,         del enorme amor que se tiene que limitar a mi pecho,         para que lo nuestro trascienda más allá de la muerte                              y yo pueda ser parte de tu sistema solar. De pronto tuve esa loca idea de fundirme en ti      y que cuando despiertes te des cuenta ...

Mi

Te conocí en el vagón tercero del tranvía 470, con destino a Pantitlán. Estabas sentada a mi izquierda, yo aferraba mi vida a un pedazo de metal cercano al acceso. Te vi, me viste, nos miramos nuevamente... fue de esas ocasiones en las que las palabras sobran. Un teléfono apuntado en un boleto del metro, unas miradas furtivas y el suave roce de tu piel al abandonar el vagón y fundirte en los ríos de gente que transbordaban de estación. Días más tarde me hice uno con tu piel, disfruté aquel dulce anhelo de volverte a ver, de sentir que serías mía otra vez. ¿Cómo sería la realidad si fuera así nada más? Sin el dulce sueño amargo. Hoy volví a subirme al vagón tercero del tranvía 470, en dirección Pantitlán. La gente me miraba extrañada y hasta con repulsión, una monja me acuchilló con sus ojos inquisidores. Quizá se deba al color de mi piel, tostada por el sol que me despierta cada mañana y hace arder el pavimento que es mi cama; o tal vez mi cabello desaliñado y sedie...

De Madrugada

Cuando tomé conciencia otra vez, comía directamente del mismo plato de ayer... La madrugada era tan apacible, que mis dientes hacían eco por toda la habitación. Tomé un poco de agua, sintiendo lentamente cómo mi lengua se iba hidratando. Me sentí mejor. De pronto tuve ganas de huir, salir corriendo quien sabe a dónde... y lo hice, corrí por toda la habitación destruyendo todo, sin saber abrir la puerta, me subí a la cama y ahí estabas tú, tranquilamente dormida... Observé tu cabello alborotado, aquel con el que tanto me gusta jugar cuando lo mece el viento, sentí tu lento respirar y decidí dormir a tu lado. La luz que se filtraba por la ventana le daba un tono amarillento a la pieza, vi tu piel hepatítica y me acerqué para rozarla con mi cara. Un sonido extraño salió por mi garganta, tu me volteaste a ver adormecida, alzaste tu mano y acariciaste mi cabello. Cerré los ojos para sentir. De mi boca salió ese involuntario sonido que llevo días repitiendo y que es mi ún...