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Mauau

De pronto tuve esa loca idea      de extender tus rizos hasta el infinito            y los bigotes del gato a los confines de la galaxia,                       y que sus maullidos resuenen en la eternidad. ¿Me preguntas por qué?         Para dejar constancia de este dulce sueño,         del enorme amor que se tiene que limitar a mi pecho,         para que lo nuestro trascienda más allá de la muerte                              y yo pueda ser parte de tu sistema solar. De pronto tuve esa loca idea de fundirme en ti      y que cuando despiertes te des cuenta ...

Mi

Te conocí en el vagón tercero del tranvía 470, con destino a Pantitlán. Estabas sentada a mi izquierda, yo aferraba mi vida a un pedazo de metal cercano al acceso. Te vi, me viste, nos miramos nuevamente... fue de esas ocasiones en las que las palabras sobran. Un teléfono apuntado en un boleto del metro, unas miradas furtivas y el suave roce de tu piel al abandonar el vagón y fundirte en los ríos de gente que transbordaban de estación. Días más tarde me hice uno con tu piel, disfruté aquel dulce anhelo de volverte a ver, de sentir que serías mía otra vez. ¿Cómo sería la realidad si fuera así nada más? Sin el dulce sueño amargo. Hoy volví a subirme al vagón tercero del tranvía 470, en dirección Pantitlán. La gente me miraba extrañada y hasta con repulsión, una monja me acuchilló con sus ojos inquisidores. Quizá se deba al color de mi piel, tostada por el sol que me despierta cada mañana y hace arder el pavimento que es mi cama; o tal vez mi cabello desaliñado y sedie...

De Madrugada

Cuando tomé conciencia otra vez, comía directamente del mismo plato de ayer... La madrugada era tan apacible, que mis dientes hacían eco por toda la habitación. Tomé un poco de agua, sintiendo lentamente cómo mi lengua se iba hidratando. Me sentí mejor. De pronto tuve ganas de huir, salir corriendo quien sabe a dónde... y lo hice, corrí por toda la habitación destruyendo todo, sin saber abrir la puerta, me subí a la cama y ahí estabas tú, tranquilamente dormida... Observé tu cabello alborotado, aquel con el que tanto me gusta jugar cuando lo mece el viento, sentí tu lento respirar y decidí dormir a tu lado. La luz que se filtraba por la ventana le daba un tono amarillento a la pieza, vi tu piel hepatítica y me acerqué para rozarla con mi cara. Un sonido extraño salió por mi garganta, tu me volteaste a ver adormecida, alzaste tu mano y acariciaste mi cabello. Cerré los ojos para sentir. De mi boca salió ese involuntario sonido que llevo días repitiendo y que es mi ún...

Reina, 'Rina', Ruina, Runa

Una ciudad casi vacía, bajo la mirada de solitarios guardias de seguridad que han sido designados para cuidar un Oxxo, una casa de empeños o un centro comercial. Los vidrios no se ven, maderas pulcras cubren las frágiles superficies, tal vez detrás de ellas algunos tristes o cansados mitigan la angustia con una amable plática, comparten un pan o se dejan caer apacibles en el cobijo de Morfeo. Memorias que duelen, incertidumbre del futuro, recuerdos que viven en el colectivo: muertes, sueños rotos y ansiedades vanas. Ya mañana se sabrá, ya mañana se sabrá... Todo sigue igual en la ciudad que espera...

Re

Mujer, fruto de la luna. ¿Qué podría yo escribirte si soñaras? Si como vuelo y sueño, en fuego me convierto sólo por probar un poco de tu dulce lujuria. Mujer, sueño de poeta. ¿Qué podría yo decirte si me hablaras? Si mañana al despertar no estaré, si quiero sacrificar mis alas. Tu, sueño de luna, narración de mil poetas. ¿Dónde estarás cuando yo despierte? Si los ojos de la noche inquietos están, si la vida no se mezcla en tu cintura. Sólo quiero saber que me besarás, Me bastaría con saber que una mirada tuya atravesará mis luces y fundirá mis sienes. Si estarás en silencio cuando yo no calle, Si estarás despierta para cuando muera...

Ámame poquito

¿Para qué quiero que me ames eternamente? Mejor ámame así, poquito, pero con la fuerza de dos jinetes apocalípticos, con el desenfreno de tres viudas amargadas, con la idiotez de siete años de guerra. Ámame poquito, en dosis diarias, de forma en que yo no pueda olvidar, de forma que me hagas extrañar tus brazos cuando te vas de entre mis sueños.

Ut

Ayer el sol se intentó apagar tres veces. ¡Menudo susto nos llevamos! Por fortuna, lo hicimos entrar en razón, le dijimos que nos moriríamos todos si lo hace. Realmente no le importó, y con una sonrisa sardónica, dio la media vuelta y se fue. Anocheció.